27 marzo 2008

CREER EN DIOS Y CREERLE A DIOS


Podemos creer en Dios:
Por las obras de Dios El salmista llegó a esta conclusión: "Te alabaré, porque formidables y maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien" (Salmos 139:14).
No necesitamos ir muy lejos para encontrarnos con las "obras" de Dios. Nuestros cuerpos son una evidencia de que existe un Diseñador infinito. ¿Cuál es la más razonable explicación del diseño de nuestro cuerpo?
El Dr. Arthur Compton, premio Nóbel de Física, dice lo siguiente acerca de este versículo: "Para mí la fe comienza con el convencimiento de que una inteligencia suprema trajo el mundo a la existencia y creó al hombre. No me resulta difícil admitir esta fe porque no hay duda alguna de que donde hay un plan hay una inteligencia. Un universo ordenado y que se expande da testimonio de la verdad más majestuosa que alguna vez se halla formulado".

Pero la revelación del Señor por medio de las cosas creadas, por más maravillosas que sean, no alcanza. Por eso el Señor decidió entrar en una relación más personal e íntima con el hombre. Implantó muy hondo en su mente y su corazón la noción de su existencia. El es "la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo" (S. Juan 1:9).
Hace unos 2.500 años un grupo de filósofos griegos intentó contestar esta pregunta: "¿Cuál es la más breve definición posible del hombre?" Platón sugirió: "El hombre es un animal que anda en dos patas. Pero otro filósofo puso en evidencia la falla de esa definición cuando mostró un gallo y dijo: "¡Este es el hombre de Platón!" Guardaron silencio hasta que alguien exclamó: "¡Ya lo encontré! ¡El hombre es un animal religioso!"
La humanidad es irremediablemente religiosa. Sentimos una ineludible necesidad de contar con un Poder superior. Todos, ateos o creyentes, hemos tenido que ver alguna vez con la idea de Dios. Ningún animal ha construido jamás un altar para adorar. El ser humano tiene el innato deseo de adorar: tiene "sed de Dios".
Pero no es suficiente creer en la existencia de Dios pues es necesario creerle a Dios!
19Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. Sant2:19
Que es creerle a Dios?
1- Creer que un día Dios se reveló al mundo como una Persona real y tangible
Nuestro Padre celestial anhela hacer algo más que revelarse por medio de las cosas creadas y las Sagradas Escrituras. Por eso decidió entrar en nuestro mundo como una Persona real y tangible. Descendió hasta nuestro nivel y llegó a ser como nosotros para poder enseñarnos cómo podemos vivir mejor y ser más felices. Gracias a esto podemos ver quién es Dios realmente. ¿Cómo visitó el Señor este mundo en forma personal? La Biblia dice: "Cristo es la imagen del Dios invisible" (Colosenses 1:15). El Altísimo descendió a este mundo en la persona de Jesús.
2- Creerle a Dios comienza con tener primero una experiencia personal con ese único Dios pero solo a través de Jesucristo!
Jesús se hizo carne. El Dios al cual Moisés no podía ver y seguir viviendo, se hizo visible y palpable en el "Hijo de Dios" (S. Marcos 15:39).Evidentemente la "gloria" que le mostró Jehová a Moisés fue su carácter. Mil quinientos años después los habitantes de Palestina también pudieron ver la "gloria" del Señor, es decir, su carácter. San Juan lo dice de esta manera, al referirse a la encarnación de Jesucristo y a la obra que llevó a cabo en ese entonces entre los hombres: "Y el Verbo, es decir Jesús, se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria --sí, su gloria, es decir, su carácter-- como del unigénito del Padre" (S. Juan 1:14).
Por tanto creer en él es recibirlo 12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; Juan 1:12
3 – Creerle a Dios es: Salirme con él del plano material al sobrenatural (ekklesia)
Recibir su palabra y creer que el no me miente.
Génesis 15:5,6
5Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. 6Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.
Abraham creía en Dios y le creia a Dios pero otros creian en Dios pero no le creían
11 Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Números 14:11Romanos 4:3-5 3Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. 4Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; 5mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.
Gálatas 3:6-9
6Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. 7Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. 8Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. 9De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
Santiago 2:22,23
22¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.
Sera sobrenatural cuando se crea y se obre: Marcos 16:16-18
6El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
4 - Creerle a Dios implica estar firme y echar raíces: Lucas 8:13
3Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.

5 – Creer en Dios es confesarlo
Juan 12:35-48
35 Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va. 36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos. 37 Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en él. 38 Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído a nuestro dicho? ¿Y el brazo del Señor, a quién es revelado? 39 Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane. 41 Estas cosas dijo Isaías cuando vió su gloria, y habló de él. 42 Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en él; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga. 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. 44 Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; 45 Y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. 47 Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. 48 El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

15 marzo 2008

SIETE PALABRAS DE JESÚS

IXOUS7@HOTMAIL.COM
Jesús habitó entre los hombres para traer el regalo más grande e inimaginable: la vida eterna. No podía traerlo un ángel, un predicador o sacerdote, tenía que hacerlo el mismo Creador. Es por eso que retumban sus palabras diciendo en el Antiguo testamento: ‘Heme aquí, yo iré’.

Las siete palabras de Jesús en la cruz muestran desde el inmenso amor de Dios para con la humanidad hasta el considerable precio que pagó el Señor para cancelar la factura de la vida eterna, ya que ésta no podía ser sufragada por el ser humano.

Las siete palabras suelen enumerarse del siguiente modo:
Primera: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23,34). Esta frase constituye el eterno amor del Altísimo. A pesar de que la humanidad lo había rechazado, torturado, escupido y cerrado su corazón, el Señor dice: ‘Perdonalos’. Que corazón más noble tiene el Maestro. Pero también es de reflexionar que si el Hijo de Dios fue capaz de perdonar a sus infractores, ¿por qué nosotros no tenemos el valor de hacerlo con nuestro prójimo? ¿Por qué no perdonar a aquel que nos hirió con sus palabras?

A veces hacemos cosas que creemos que están bien. Eso creían los que maltrataban a Jesús, ellos pensaban que estaban agradando a Dios por sus leyes y costumbres, pero realmente estaban bien lejos de la voluntad del Todopoderoso. Quizás estas haciendo cosas que crees que es la perfecta voluntad de Dios, pero, reflexiona, medita y piensa que no todo lo que cerremos que está bien así es.

La segunda palabra: “En verdad te digo que hoy, estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Es la respuesta de Cristo a la súplica del ladrón arrepentido. Jesús le promete la bienaventuranza eterna. Hermoso proceder del Divino Maestro. No importa lo que nosotros hayamos hecho, Dios nos perdona si venimos con un corazón humillado a él. Solo dejemos que su misericordia nos arrope.

La tercera palabra: “Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo: “ahí a tu madre” (Juan 19:26). El Señor sabía lo que decía, además comprendía el dolor de María, quien sabía que Jesús era el Hijo de Dios. No era que Juan fuese el hijo de María sino que Jesús estaba confiando a la mujer que durante su travesía en la tierra había sido su madre. En otras palabras le estaba encomendando a Juan que cuidara de María.

Hacia las tres de la tarde, estando Jesús en la cruz exclamó en alta voz la cuarta palabra: “Elí, Elí, lama sabactani”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”(Mateo 27:46). Es una oración tomada del salmo 22, lo cual explica la confusión de los presentes que creyeron ver en esta súplica una llamada de auxilio a Elías. Esto es un acto de profunda soledad y alejamiento de su Padre. El mismo Dios había dado la espalda a su querido Hijo por que se había echada a cuestas el pecado de toda la humanidad. Esto nos demuestra que cuando el hombre esta contaminado con sus pecados y se aleja de Dios, de igual manera él se aleja de nosotros. “Si nos acercamos a Dios, él se acercará a nosotros”.

La quinta palabra: “Tengo sed” (Juan 19,28). Es la expresión de un ansia de Cristo en la cruz. Se trata, en primer término, de la sed fisiológica, uno de los mayores tormentos de los crucificados. La palabra está tomada de los salmos 68:22 y 21:16. Se interpreta en sentido alegórico: la sed espiritual de Cristo de consumar la redención para la salvación de todos. Evento similar a la historia que nos muestra el cuarto evangelio, y nos evoca la sed espiritual que Cristo experimentó junto al pozo de la Samaritana (Juan 4:7). También nos abre la puerta del entendimiento para saber que si tenemos sed de Dios, el no dará de beber de esa agua que brota para vida eterna.

La sexta palabra: “Consumado es” (Juan 19:30). Se puede interpretar como la proclamación en boca de Cristo del cumplimiento perfecto de la Sagrada Escritura en su persona. Esta palabra pone de manifiesto que Jesús era consciente de que había cumplido hasta el último detalle su misión redentora. Es el broche de oro que corona el programa de su vida: cumplir la Escritura haciendo siempre la voluntad del Padre (Mateo 5:17; 7: 24; Lucas 22:42).

La última palabra de Jesús en la cruz fue: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23,46). Esta palabra expresa el sacrificio de la propia vida, que Jesús pone a disposición del Padre. Recuerda el Salmo 30:6 en que el justo atormentado confía su vida al Dios bondadoso y fiel. En Cristo toda se había cumplido, sólo quedaba morir, lo que acepta con agrado y libremente (Juan 10:18). El Señor hizo todo lo que se había dicho de él, tenía que cumplir con el mandato Divino, es por eso que cada paso que daba lo hacía siguiendo los parámetros de su Padre. Amado peregrino lo importante es que eches mano del mapa celestial para poder vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. La Biblia es la brújula que te llevará al cielo.

23 febrero 2008

Del estercolero...

DEL ESTERCOLERO AL TRONO

2 parte
II. Cómo el Señor lo efectúaCuando el culpable, inútil y desgraciado pecador oye que Cristo Jesús vino al mundo a buscar y salvar lo perdido esa pobre alma dirige la vista hacia El, como diciendo: «Señor, tú eres mi último recurso. Si tú no me salvas, estoy perdido para siempre; de ti depende en absoluto mi salvación, porque yo no puedo ayudarme; no puedo añadir ni siquiera un hilo a la tela del vestido de tu justicia. Si tú no has completado la obra de salvación, no tengo nada para agregar a ella. Si tú no has pagado del todo el precio del rescate, no tengo ni un céntimo para completarlo. Señor, estoy ahogándome, me hundo, a ti me acojo; sálvame por tu amor y misericordia.»

Toda mi esperanzaen ti descansa.

Llegando el alma a este punto, ya está fuera del estercolero. Desde el momento en que el pecador se abandona así a la misericordia divina, cesa de ser pecador perdido. Dios borra de una plumada, como si dijéramos, sus culpas. Ya no se halla culpable en su presencia, sino justificado por la sangre de Cristo. Es salvado por gracia, mediante la fe, no por obras: es don de Dios. Ya puede levantarse de su arrepentimiento en saco y ceniza, cantando un nuevo cántico en honor del Cordero inmolado que le redimió, no con oro y plata, sino con su preciosa sangre. Así por el don de su Hijo unigénito aceptado por el perdido, Dios eleva a sus elegidos de su estado de perdición y ruina, haciéndoles ver y sentir que están sobre el estercolero y que no pueden librarse de la miseria ellos mismos.

Todo cristiano presente en esta congregación, cualquiera que haya sido su vida anterior, se halla perfecto a la vista de Dios, mediante la obra de Jesús. La justicia inmaculada de Dios le es atribuida mediante la fe, de suerte que se halla «acepto en el Amado». Los hijos de Dios salvados del estercolero disfrutan de la seguridad completa de la salvación. Están seguros de que están a salvo, pudiendo decir con Job: «Sé que mi Redentor vive.» No dudan de si son hijos de Dios o no, porque el Espíritu rinde testimonio a su espíritu que son hijos de Dios, nacidos de arriba. Cristo es su hermano mayor.

Dios es su Padre y les rige el espíritu filial, mediante el cual dicen: «Abba Padre.» Están convencidos de que «ni la muerte, ni la vida, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura podrá apartarles del amor de Dios que es en Cristo Jesús, su Señor». Pregunto a cada uno de vosotros, de corazón entendido, si esto no es estar entre los príncipes de su pueblo.Los hijos de Dios, favorecidos por la gracia divina, tienen el privilegio de tener comunión con Cristo Jesús. Como Enoc, andamos con Dios. Como una criatura anda con su padre llevada de su mano, mirándole el rostro, así los elegidos de Dios andan con su Padre celestial, del modo más íntimo, familiar y confiado, hablándole, explicándole sus tristeza, escuchando de su boca de gracia los secretos de su amor.

La comunión con Jesús es cosa de más precio que el diamante más precioso de cualquier diadema imperial, de más precio que la corona más hermosa que vista el primer rey de la tierra.Pero no es esto todo. Los creyentes son favorecidos con la gracia santificadora del Espíritu Santo. Dios, el Espíritu, mora en el cristiano verdadero por humilde que sea entre los hombres: es un templo ambulante en el que reside la divinidad. El Espíritu de Dios mora en nosotros y nosotros en él. Y este Espíritu santifica diariamente la vida y obra del cristiano, de manera que todo lo hace como para Dios; si vive, vive para Dios; si muere, le es ganancia. Queridos, en verdad es estar sentado entre príncipes el experimentar la influencia santificadora del Espíritu del Señor.Además, muchos santos reciben, por añadidura, la bendición de ser útiles y hacemos hincapié en esto especialmente porque de linaje real es todo hombre positivamente útil a sus semejantes.

No creáis que exagero; hablo la pura verdad: es príncipe verdadero quien hace bien a sus semejantes. Ser capaz de sembrar perlas sacándolas de la boca puede constituir a uno príncipe de cuento de hadas; pero si los labios son bendición para las almas de los hombres llevándoles al Salvador, esto es ser príncipe de verdad. Alimentar al hambriento, vestir al desnudo, levantar al caído, enseñar al ignorante, animar a los tristes, fortalecer a los vacilantes y conducir a los creyentes al trono de Dios, esto, hermanos, es andar revestido de un brillo que cordones y estrellas, órdenes y condecoraciones, jamás pueden conferir al hombre.Aún más; el mundo tiene la idea de que somos gente sin dicha. Los escritores nos pintan a los caballeros andantes cual personas animosas, valientes y llenas de gozo y entusiasmo, mientras que los pobres puritanos eran gente desdichada, detestando los días festivos, aborreciendo los juegos y entretenimientos lícitos, caritristes y miserables, siendo una lástima que bajaran al infierno porque ya lo tenían en esta vida. Esto es falso; absolutamente falso, o por lo menos caricatura grosera.

El regocijo de los caballeros no era más que chisporroteo de espinas bajo la olla; pero en los pechos de los puritanos moraba un gozo profundo e inagotable.Pero sea como fuese, lo positivo es que nosotros que confiamos en Jesús somos la gente más bienaventurada y feliz del mundo; y esto no naturalmente, porque algunos de nosotros somos melancólicos por naturaleza; no siempre circunstancialmente, porque algunos de nosotros somos extremadamente pobres; pero en nuestro interior somos verdadera y positivamente felices, y podéis creerlo, el gozo de nuestro corazón no puede ser aventajado por ningún otro. Ni por el doble del oro que hay en todas las Indias mentiría en este caso: si hubiera de morir como un perro mañana, no cambiaría mi lugar con hombre alguno debajo del cielo en lo que toca a gozo y paz del alma, porque el ser cristiano y saberlo, disfrutar de este hecho, conocer la elección y comprender el glorioso llamamiento de Dios, esto proporciona más bienaventuranza, paz y gozo, en diez mi-nutos, que el que se halla cien años en las moradas del pecado.Así que, leyendo en el texto que «nos hace sentar con los príncipes», no pienso tanto en la figura retórica que, como todas, cojea; porque Dios nos coloca muy por encima de todos los príncipes terrestres, y si no fuera por lo que sigue, sería mejor prescindir de la figura; pero esto lo explica: «príncipes de su pueblo»> es decir, príncipes de otra sangre; grandes de otro reino. Entre los tales hace Dios morar a los suyos.

III. Dónde los hace sentar«Entre los príncipes.»

Ya hemos indicado la idea, pero vamos a fijarnos en otro aspecto del caso. «Entre príncipes» es el lugar de sociedad escogida. No se admite a cualquier en tal círculo distinguido. Entre tales aristócratas no debe meterse el plebeyo. Sangre azul circula por sus finas venas y no se puede esperar que el carmesí común se permita avivar la corriente lánguida. Pero ¿el verdadero cristiano? Pues éste también vive en sociedad muy distinguida. Oigamos: «Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (Juan 1:3). ¡Hablar de sociedad selecta! Ninguna hay más distinguida que ésta. Somos «linaje escogido, real sacerdocio, gente santa.» No nos liemos llegado al monte de Sinaí, sino al monte de Sión v a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celeste, y a la compañía de muchos millares de ángeles, y a la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos (Hebreos 12:18-24). Esta es la sociedad escogida.Por otra parte, aunque los soberanos tengan sus días y sus horas de audiencia, el príncipe será recibido mientras el pueblo ha de mantenerse a distancia. Así también en lo espiritual, el hijo de Dios tiene acceso libre al trono del cielo a toda hora.

Nuestros privilegios son de la mayor importancia. «Porque por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo espíritu al Padre.» «Lleguémonos, pues, confiadamente, al trono de la gracia -dice el apóstol- para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:16). Tal es nuestra sociedad elegida, tal nuestro privilegio de palacio y de trono.Se supone que entre los príncipes hay riqueza abundante. Pero, ¿qué y cuál es la riqueza de los príncipes de la tierra comparada con la de los creyentes? Pues, «todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios». El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no os dará también con Él todas las cosas?Los príncipes tienen también poder especial. El príncipe ejerce influencia; maneja el cetro en sus dominios.

Y así, nosotros, somos hechos «reyes y sacerdotes para Dios y reinaremos para siempre jamás». No somos reyes de tal o cual dominio de triple corona, y no obstante tenemos triple dominio: reinamos sobre el espíritu, alma y cuerpo. Reinamos sobre el reino unido del tiempo y de la eternidad: reinaremos en el venidero, para siempre jamás.Los príncipes disfrutan de honor especial. Las masas desean ver al príncipe y se deleitarían en servirle. Se le concede el primer puesto en el reino: es de sangre real y es preciso que se le estime y respete.

Queridos, oigamos la Palabra: «Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús», de modo que como participamos de su cruz participaremos de sus honores.Pablo fue arrebatado del estercolero de la persecución y no obstante no es inferior a nadie en la gloria; y tú aun cuando fueras el primero de los pecadores, no tendrás más mala suerte cuando venga el Señor en su gloria. Pero como te redimió con su sangre y te honró en la tierra, así te honrará en el estado futuro, haciéndote sentar consigo y reinar entre los príncipes de su pueblo para siempre jamás. ¡Bendiga Dios estas palabras por amor de Jesús! Amén.

-Carlos Spurgeon-

14 febrero 2008

Invierno del corazòn

Invierno del corazón
Jorge Hernán Gutiérrez


Esta expresión hace referencia a la tristeza que en un momento dado agobia al ser humano. En el primer libro de Samuel encontramos la expresión: ‘Y no estuvo más triste’ (1Samuel 1:18). Pero… ¿No estar más triste será posible? El salmista dijo: ‘¿Por qué te abates, oh alma mía?’ (Salmo 42:5). Es bueno saber la raíz de nuestras aflicciones y pesares.

Llegar al fondo del asunto. La causa básica de nuestras tristezas no está en las circunstancias, está dentro de nosotros mismos.Cuando el salmista le plantea la pregunta a su alma, allí descubre la causa de sus profundos pesares. Descubrió que el problema no radicaba en lo terrible de las circunstancias que afectaban su vida, sino en las tinieblas que habían invadido su alma.

Lo primero que había cometido el cantor para sentirse de esta manera fue: - Perder de vista a Dios- Su mirada que estaba dirigida hacia al Altísimo: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra” (Salmo 121:1,2)- se había desviado hacia los contornos. En ese momento se sintió abrumado, vacío y arruinado. Fue presa fácil de la tristeza y la melancolía.Cuando miramos a Dios no seremos avergonzados. “Los que miran al Señor fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados” (Salmo 34:5).

Cuando el apóstol Pedro puso su mirada en el Señor, pudo caminar por las aguas del mar de Galilea (Mateo 14:29), pero cuando la desvió y la puso en las circunstancias, se comenzó a hundir. Si quitamos la mirada del Salvador nos hundiremos en los problemas, en la soledad y la tristeza. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2).El salmista estaba triste porque su corazón había naufragado. “Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y olas han pasado sobre mi” (Salmo 42:7).

Un problema había atraído otros y habían arremetido contra el salmista. A veces sentimos que salimos de un problema y entramos en otro. A pesar de las circunstancia negativas que atropellen nuestra vida, no hay que darnos por vencidos. Dios sabrá en que momento no mostrará la salida.El cantor había sido oprimido por su enemigo. “Diré a Dios: Roca mía, ¿Por qué te has olvidado de mi? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?” (Salmo 42:9). Hay momentos en el que no entendemos el por qué de lo que nos sucede, pero no importa cuantos se hayan levantado en contra de nosotros, siempre hay que confiar en la ‘Roca’ Eterna de los siglos, Él estará de nuestro lado y nos dará las fuerzas suficientes para enfrentar lo que nos oprima.

Otra razón por la que el salmista estaba triste, era que había prestado su oído al qué dirán de la gente y se había olvidado del consejo de Dios (Salmo 42:10). Se olvido de oír la Palabra de Dios. No importa mucho lo que los demás te digan; aquí importa lo que Dios diga de ti. Job no recibió el consejo de sus amigos y siempre confió en Dios. El apóstol Pablo estaba solo cunado los demás lo acusaban, pero él se agarró de la mano de Dios. (2Timoteo 4:16,17).Presentemos a Dios lo doloroso de nuestra situación y nuestros ojos verán sus maravillas. La tristeza se irá y entraremos en su presencia para hallar esa plenitud de gozo. Las tinieblas que invaden nuestra alma se disiparán: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él” (1 Juan 1:5).

Cuando Dios está fuera de nuestra vista, cuando perdemos el contacto con Él, nuestra alma se sumerge en la tristeza, en la depresión y nuestro corazón entra en un invierno permanente. Pero ten en cuenta mi amado peregrino que “Dios es el disipador universal de toda pena, el gloriosos proveedor de las alegrías del alma”-B. M’Call Barbour- “¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón” (Salmo 4:6,7).