Acalla tu alma en Dios
“En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación” (Salmo 62:1). Acallar el alma es un estado de reposo completo y perfecto. Es aquietarse y sosegarse por medio de una confianza inalterable en Dios. Las señales de un alma acallada son: La paz que refleja el rostro, en las actitudes y en las palabras y poseer tranquilidad ante las circunstancias que se presentan a nuestra vida.
Uno de los efectos más poderosos de la salvación, estriba precisamente, en el descanso, en la quietud que procede del encuentro con el Salvador. El Señor dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestra alma” (Mateo 9:28,29).
Así como el desasosiego del alma es señal inequívoca del hombre sin Dios, el descanso de la misma manera es la evidencia de un hombre que tiene a Dios. El hombre ha tratado de buscar un sucedáneo, un sustitutivo al proceso de Dios. Por ello en los años setenta, se introdujeron las filosofías orientales como el yoga, la meditación trascendental, las técnicas de la respiración, entre otras.
Multitud de personas se arrojaron y lo siguen haciendo, en los brazos de estos métodos que ofrecen una paz ficticia, fruto de la mente. Todos estos intentos o paliativos del hombre son ineficaces para alcanzar la verdadera paz interior y son estrategias del hombre para alejarse cada día de Dios.
El reposo del alma es tan crucial para la vida del hombre, que cuando éste no la halla, acaba haciendo cosas no benéficas para él y su familia, tales cosas como llegar hasta el punto de suicidarse física o emocionalmente. Algunos atentan contra sus propias vidas, otros se inhiben emocionalmente de su entorno, se vuelven apáticos e indiferentes y parecen cuerpos sin alma.
Cuando el alma del hombre se encuentra con su Creador encuentra la paz que necesita. El profeta Isaías dice: “Porque con alegría saldréis y con paz seréis vueltos” (Isaías 55:12); Jesús también prometió: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. En la actualidad, estamos enfrentando una nueva crisis de proporciones planetarias por falta de paz interior, a causa de la soberbia, la maldad y la locura del hombre.
Cuán hermosas son las palabras del salmista cuando dice: “En Dios solamente está acallada mi alma”. David se encontraba rodeado de dificultades, de amenazas e inquietudes diversas, pero ante todas estas agresiones encontró el refugio de Dios, un dulce puerto para acallar su alma.
Amado peregrino, ¿Se encuentra usted rodeado de dificultades? Recuerde que todas estas situaciones que le rodean son un intento para desviarle de la fe puesta en Dios. Si salimos de esa posición que Dios nos ha dado en él entonces nuestra vida irá a la deriva, las olas desatadas por la furia de nuestro enemigo nos impulsarán hacia los escollos, y estos partirán nuestro corazón hasta llevarnos al fondo del fracaso y de la desesperación.
Quiero que usted note que la primera acción del salmista frente a los que le estaban rodeando fue acallar su alma, esto es tratar con su vida interior, con lo de adentro para llevarla a reposar en Dios. Pero hay algo más que deseo compartir con usted. Note la segunda parte de este hermoso verso de las Sagradas Escrituras: “de él viene mi salvación”. Cuando tratamos primeramente con lo de adentro entonces podremos empezar a tratar con lo de afuera.
Cuando el alma se acalla y se tranquiliza en Dios, entonces se puede gritarle a las dificultades que el Altísimo y nuestra salvación están cerca de nosotros. A nosotros nos corresponde acallar nuestra alma en Dios y a él callar a nuestros enemigos.
No importa el tiempo que le tome a Dios resolver aquello que nos está doliendo, que nos está afectando; su salvación está a las puertas. ¡Dios no nos va a fallar! El nunca falla, ni llega tarde. Diga amado peregrino a su alma que se acalle en Dios porque su salvación está de camino.
Uno de los efectos más poderosos de la salvación, estriba precisamente, en el descanso, en la quietud que procede del encuentro con el Salvador. El Señor dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestra alma” (Mateo 9:28,29).
Así como el desasosiego del alma es señal inequívoca del hombre sin Dios, el descanso de la misma manera es la evidencia de un hombre que tiene a Dios. El hombre ha tratado de buscar un sucedáneo, un sustitutivo al proceso de Dios. Por ello en los años setenta, se introdujeron las filosofías orientales como el yoga, la meditación trascendental, las técnicas de la respiración, entre otras.
Multitud de personas se arrojaron y lo siguen haciendo, en los brazos de estos métodos que ofrecen una paz ficticia, fruto de la mente. Todos estos intentos o paliativos del hombre son ineficaces para alcanzar la verdadera paz interior y son estrategias del hombre para alejarse cada día de Dios.
El reposo del alma es tan crucial para la vida del hombre, que cuando éste no la halla, acaba haciendo cosas no benéficas para él y su familia, tales cosas como llegar hasta el punto de suicidarse física o emocionalmente. Algunos atentan contra sus propias vidas, otros se inhiben emocionalmente de su entorno, se vuelven apáticos e indiferentes y parecen cuerpos sin alma.
Cuando el alma del hombre se encuentra con su Creador encuentra la paz que necesita. El profeta Isaías dice: “Porque con alegría saldréis y con paz seréis vueltos” (Isaías 55:12); Jesús también prometió: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. En la actualidad, estamos enfrentando una nueva crisis de proporciones planetarias por falta de paz interior, a causa de la soberbia, la maldad y la locura del hombre.
Cuán hermosas son las palabras del salmista cuando dice: “En Dios solamente está acallada mi alma”. David se encontraba rodeado de dificultades, de amenazas e inquietudes diversas, pero ante todas estas agresiones encontró el refugio de Dios, un dulce puerto para acallar su alma.
Amado peregrino, ¿Se encuentra usted rodeado de dificultades? Recuerde que todas estas situaciones que le rodean son un intento para desviarle de la fe puesta en Dios. Si salimos de esa posición que Dios nos ha dado en él entonces nuestra vida irá a la deriva, las olas desatadas por la furia de nuestro enemigo nos impulsarán hacia los escollos, y estos partirán nuestro corazón hasta llevarnos al fondo del fracaso y de la desesperación.
Quiero que usted note que la primera acción del salmista frente a los que le estaban rodeando fue acallar su alma, esto es tratar con su vida interior, con lo de adentro para llevarla a reposar en Dios. Pero hay algo más que deseo compartir con usted. Note la segunda parte de este hermoso verso de las Sagradas Escrituras: “de él viene mi salvación”. Cuando tratamos primeramente con lo de adentro entonces podremos empezar a tratar con lo de afuera.
Cuando el alma se acalla y se tranquiliza en Dios, entonces se puede gritarle a las dificultades que el Altísimo y nuestra salvación están cerca de nosotros. A nosotros nos corresponde acallar nuestra alma en Dios y a él callar a nuestros enemigos.
No importa el tiempo que le tome a Dios resolver aquello que nos está doliendo, que nos está afectando; su salvación está a las puertas. ¡Dios no nos va a fallar! El nunca falla, ni llega tarde. Diga amado peregrino a su alma que se acalle en Dios porque su salvación está de camino.